viernes, febrero 20, 2026

La formación para el nuevo "emperador" y la nueva "emperatriz"

"¿Qué carrera les recomiendo a mis hijos que estudien? ¿Ciencias? ¿Humanidades? ¿Tecnología?" Me preguntaban hace muy poco. Y no es una pregunta fácil de contestar, ni a la que yo me quiera aventurar a crear una elegante reflexión lógica para decidir que una u otra es lo que más futuro profesional va a tener. No lo sé. El futuro es un árbol de posibilidades muy complejo y difícil de predecir.

Figura 1: La formación para el nuevo "emperador" y la nueva  "emperatriz"

Sí que creo que para "sobrevivir" en el futuro, que es lo que yo tuve que aprender para mí en mi infancia, hay que tener una obsesión por no conformarse con las cartas que te toca en la vida. Ni tener miedo a comenzar algo nuevo por perder el estatus que pudieras tener en tu sitio seguro. Aceptar vivir el síndrome del impostor una y otra vez más, por ser un junior en lo nuevo todas las veces que toque. Ni dejar de estudiar y aprender nunca. 

Creo que hay que tener muchas habilidades que no se estudian en las materias de una universidad, y de lo que os he hablado muchas veces. La gestión de las emociones. Las habilidades personales para trabajar con gente a la que debes apreciar, valorar y hacer ser mejores. Creo que los nuevos "emperadores" y "emperatrices" tienen que aprender a ser segundos, a ser el que pasa el balón al que mete gol, y el que baje a defender. Pero también deben aprender a aceptar responsabilidades y saber aceptar que no siempre se puede meter gol cuando se tira el penalti. A veces fallas.

Tienen que aprender a escuchar. A tener pensamiento crítico sobre el mundo que les rodea. A detectar tanto la manipulación como los sesgos de confirmación. A escuchar al que piensa distinto a ellos. A resolver problemas complejos. A esforzarse y sufrir la incertidumbre. Tienen que estudiar cómo les afectan sus propias emociones en la interpretación de la realidad y cómo las utilizan otros sobre ellos. Como separar lo importante de lo accesorio. A saber cómo vivir un día cualquiera y llegar a la cama contentos. A cuidarse primero para rendir más en el trabajo, y en la vida. A hacer deporte para trabajar mejor. A dormir bien por las noches para estar fresco en el horario de trabajo.

Deberían estudiar cómo hacer que la gente venga a trabajar felices a su lado. A saber explicar las cosas para ser entendido por los demás. Tener prácticas de reírse de sí mismo. A aceptar los defectos, debilidades, y la crítica constructiva de otros. Aprender a como evaluar qué podían haber hecho mejor cuando algo salió mal. Deberían ser autónomos, estudiar cómo cocinar, como lavar, planchar o gestionar su economía. Y ya después hablamos de gestionar presupuestos en empresas.

Hay que estudiar cómo no rendirse a la primeras de cambio cuando vengan torcidas. A como hacer las cosas muchas veces para ser un maestro de ellas. Cómo comprometerse con algo y cumplir - incluso si es una colección de cromos como las que hacía con mis hijas -. A hablar bien a los demás. A ser educados. Estudiar como matar el ego y vivir cada día sin sentir que el mundo te debe algo. Aprender el valor de las cosas que tienen. El tiempo, que es el activo más valioso que se tiene en una empresa. Que los aciertos y los fallos pesen lo mismo en tu interpretación de la realidad. Ni tan bueno, ni tan malo. 

Por supuesto, creo que también deben leer. Ver cine. Cuidar a los animales. Evitar las apps que te drenan el tiempo y la concentración. Aprender idiomas para comunicarse con el mayor número de personas, pero también para entrenar su cerebro y tenerlo activo. O tocar música. A escribir o expresarse de la forma que deseen. A cómo funciona la tecnología, por supuesto. Deben saber cómo funcionan los gastos de una vida. Deben aprender a valorar el éxito de las personas  ajenas y no enviarlo. A dar las gracias y a pedir perdón. Aprender de las enseñanzas de las vidas de las personas a las que admiren. Nunca de las que han hecho una vida que no es la que les gustaría tener.

Deben aprender a tener lazos durareros. Con la familia. Con amigos. Con las tareas en las que se comprometan. A ofrecer ayuda a los que la necesiten. A aprender a llorar por las cosas que duelen, porque no siempre llegan cosas buenas en la vida. Aprender a seguir adelante a pesar de todo. Que aprendan a pintar, como cuando eran niños. A hacer cosas cons sus manos. A concentrarse en cosas que exijan pensar para resolver.
 
Y sobre las carreras, pues no sé muy bien que deciros. Creo que el mundo va a cambiar. Claro que sí. Que la IA lo transformará todo. Que tendremos una ruptura del mercado laboral. Que habrá cambios sociales, culturales, evolución, conflicto y disrupción. Habrá nuevas tesis y nuevas antítesis que se sintetizarán en algo nuevo. Que tendrán que adaptarse. Que tendrán que aprender a vivir en la incertidumbre, y que deberán saber cómo ser fuertes. Que esos minihackers tengan curiosidad.
Así que puede que toque saber mucho de filosofía, mucho de ética, mucho de psicológica para entender a los nuevos "seres" robóticos o humanoides hechos con una IA mayor que la de los seres humanos. Pero también para entender su lugar en el mundo. Saber mucha tecnología claro que seguirá siendo valioso. No podemos olvidar cómo se crea la tecnología  desde sus fundamentos y dejar la creación de nuevos avances sólo en manos de la IA. Tendríamos una deuda cognitiva que nos haría perder el control del futuro. Tendremos que tener expertos en ciencia pura que trabajen en la construcción de nuevos futuros, con nuevos materiales, con nuevas tecnologías. Que miren las estrellas y piensen en el universo y en viajes de ciencia ficción para imaginar el futuro.

Tendremos que aprender a vivir con todo esto. Necesitaremos gente que explique lo que está pasando. Gente que gestione el debate público, o que ayude a la creación de nuevos modelos de creación de riqueza. Gente que haga pensar a los demás. Necesitaremos personas que sepan emprender, que sepan cómo retar al status quo, como sufrir con el cambio y el camino hasta llegar al destino. Necesitaremos artistas que obliguen a las personas a enfrentarse con su mirada. Y otras que alimenten el alma de las personas con creaciones que sean únicas. Quizás unas letras sobre cuatro acordes. Quizá una niña con un globo pintada con nocturnidad y alevosía en una pared para dar la vuelta al mundo.

Así que si me preguntas, creo que hay que empujarlos a que busquen expandir su mente, sus capacidades, que aprendan a no tener techo de cristal. A no esperar que nadie les resuelva sus problemas y que se los resuelvan ellos. Que sepan ser felices con su tiempo, que construyan un futuro que les haga felices. Que no vivan la vida de otros. Que gestionen su libertad sin invadir la de otro. Que den más de lo que esperan recibir. Que amen la vida y a sí mismos.

Que no malgasten su vida con dejadez, descuido, inconsistencia, adicciones físicas o emocionales. Que luchen contra las cosas malas y vivan una vida que ellos dirijan, sabiendo que cada decisión tiene un coste personal, en tiempo, en esfuerzo, en preocupaciones. Así que hay que estimularles a que tomen las riendas de sus actos y utilicen su cerebro lo máximo posible. Y que estudien lo que más les guste, además.

Pero esto es sólo lo que yo opino y, como podéis ver, ni es una respuesta clara simple. Se trata de una reflexión de la complejidad que nos rodea, que hace años que dejó de ser sencilla, al mismo tiempo que las cosas sencillas son las más importantes en un mundo complejo. Qué curioso que es todo.

¡Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  


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