martes, enero 15, 2013

De Rebajas

Desde que era niño recuerdo una extraña fobia a entrar en una tienda. “Ir de compras” siempre ha sido para mí sinónimo de angustia, y la desgana que me produce la simple idea, es casi comparable a la que tengo cuando sufro un ataque de migrañas. Ni tiendas de ropa, ni farmacias, ni chinos o “Todo a Cien”, ni calles comerciales, ni enormes “malles”, ni supermercados y grandes superficies son santo de mi devoción. Ni siquiera me seduce la aventura de cruzar el típico mercadillo de pueblo con puestos repletos de bragas desordenadas. Estos espacios, me cansan, me irritan el ánimo y a veces incluso me producen urticaria. Es como una manía o alergia genética, que vienes inscrita en alguna de esas extrañas e incomprensibles revueltas helicoidales de mi ADN, y que ni con el paso de los años he conseguido superar

En la mayoría de las ocasiones ni siquiera la agradable sensación de conseguir un objeto deseado logra sobreponerme al inmenso obstáculo que representa para mí el adentrarme en un establecimiento. La fobia se recrudece en tiempos de descuentos y si voy por la calle y por casualidad veo el típico cartel rojo donde figura en grande “REBAJAS”, un impulso interior me alerta a alejarme a toda prisa. Solo gracias a la ayuda de familiares y amigos, y últimamente por ser un consorte “con suerte”, de alguien que se maneja cual pez en el agua en estos espacios, he conseguido amasar mi ajuar y rellenar mi armario, pues si por mi fuera, estaría abocado a vagar semidesnudo hecho un pordiosero.

Soy un inadaptado en este mundo consumista y aunque me he visto todas las temporadas de “HOUSE”, no he encontrado a nadie por ahí con el mismo tipo de drama personal. Por alguna extraña razón solo hay un par de comercios que consiguen atraer mi atención y donde logro superar mis barreras, mis miedos y mi timidez, en las ferreterías y las tiendas de bicicletas. Pero hete aquí que como en tantos aspectos de la vida, ya hace algún tiempo que la tecnología vino a socorrerme gracias al comercio electrónico y a las compras por internet, pues comprar navegando, sin tener que “Ir de compras” ha resuelto gran parte de mi drama personal.

En Internet todas las tiendas me gustan, todas tienen su aquel y en casi todas puede haber algo para mí. Cual señora que rebuscando entre las bragas desordenadas en el puesto de un mercadillo espera encontrar un tesoro. Yo cliqueo enlaces de aquí para allá y escruto entre diferentes sitios aquel que tenga algo para mí. Comparar características de varios productos, precios entre distintas tiendas y elegir lo que más me conviene sin tener que hablar con un tendero ni ir al probador a despelotarme es una experiencia de lo más entretenida. Ni siquiera el casi siempre incómodo, lento, e inseguro proceso de la pasarela de pago consigue estropear mi ánimo. Solo una exigua y raquítica cuenta corriente, impiden que me convierta virtualmente en una Belén Esteban de vacaciones en Nueva York.

Pero como si mi naturaleza tratara de contraponer mi actividad real con aquella en el mundo virtual, en este mundo de navegantes solitarios también he encontrado mis fobias, las “App Store” o tiendas de aplicaciones.

Mi naturaleza, en otros aspectos tan retraída, se vuelve aquí misógina y no alcanza a entender por qué mi dispositivo ha de estar ligado al software que se puede descargar de una sola tienda. ¿Dónde queda la libre competencia? ¿Dónde mi capacidad como consumidor para poder elegir? ¿Por qué impedir en mi experiencia consumista el maravilloso instante de encontrar en otra tienda una buena oferta? Amparándose en la aparentemente loable excusa de proteger al usuario, protegiendo el dispositivo y la plataforma, lo único que pretenden es proteger su monopolista negocio.

¿Alguien se imagina que por tener un coche de marca X solo pueda repostar en gasolineras de marca Y?, ¿o que por tener una tele de tal fabricante, solo se puedan ver unos canales determinados?, ¿o que tu nevera solo puedan enfriar cervezas Mahou, pero no Cruz Campo? La trampa esta ya tendida para todos. Los primeros en caer fueron los desarrolladores que animados por la perspectiva de un nuevo “El Dorado” y deslumbrados por algún sonado éxito como “Angry Birds” se lanzaron a la demente carrera para publicar sus aplicaciones y compartir, como si tal cosa, una parte importante del beneficio de sus ventas (entre el 20 y el 30%) con los grandes fabricantes, ahora reconvertidos en editores.

El único canal posible de venta para la app es la tienda del fabricante, con lo que de por vida la app queda ligada al mismo, a su plataforma y a pagar el canon. Para que antes de montar El Negoción los chicos de Apple se asesoraron en la SGAE con Teddy Bautista y el mismísimo Ramoncín. A día de hoy, con más de 700.000 apps en cada una de las principales tiendas (Apple y Google), el mercado está muy saturado y es muy difícil para un nuevo desarrollador abrir camino a su app y darla a conocer.

Lamentable y lógicamente, la nueva moda del multimillonario negocio, que ni inventó ni bautizó pero si monetizó Apple, ya ha calado en todos los fabricantes,  y mientras los números del negocio siguen en aumento para todos, la absurda pelea “marketiniana” entre ellos se centra en ver quien tiene más “apps” en su tienda, sin importar la calidad de las mismas y sin tener en cuenta que la gran mayoría, cerca del 90%, son Apps Basura con menos utilidad práctica que el Plan Z de Zapatero.

Los informes apuntan a que durante el 2012, Apple, indiscutible líder en este mercado, ha ralentizado el crecimiento de su beneficio al nada desdeñable 20%, mientras que Google que le sigue a la zaga, aumenta su beneficio en un 45%. La última en llegar, mi querida Microsoft, ya ha superado al resto montando hasta 4 “Apps Store” diferentes (Xbox, WP 8, Windows 8 y Windows 8 RT) y aunque aún está muy por detrás en cuanto a beneficios, que no a descargas, es de suponer que estos crezcan exponencialmente durante el 2013 y siguientes.

Microsoft, aparentemente lenta en este mercado, todavía no sale de su asombro al comprobar la oportunidad que el mercado y las circunstancias le han brindado en una enorme bandeja de plata, propia de un kilométrico salón de Downton Abbey. Si hace unos años era acusada y condenada por prácticas monopolistas por la sencilla razón de embutir un navegador gratuito en su SO Windows, hoy en día nadie le dice nada por introducir en el mismo, en exclusiva, el software de una tienda donde cobrar entre el 20 y el 30 % por cada app que se instale en Windows. ¿Si a otros les dejan por qué a nosotros no?, han debido pensar los de Redmond en su particular interpretación del dicho “O todos Payos o todos Gitanos” y se han apresurado a montar tiendas de apps para todas sus plataformas.

Como reza el famoso chiste de caperucita “¡Joder como ha cambiado el cuento!”. Solo imaginad lo que Microsoft hubiera podido ganar en estos últimos 20 años si hubiera cobrado el 20% de todo lo que se ha instalado sobre plataforma Windows. Aunque solo contemplemos que las apps representarán un 5% de lo que se instale en el futuro Windows 8 y que de estas solo el 1% será de pago, la cifra sigue siendo estratosférica y para comprenderla es necesario un ejemplo de esos que ponía Carl Sagan en la serie Cosmos para explicar el origen y antigüedad del Universo.

El dinero que han dejado de ingresar en el pasado es tan irrecuperable, como inmensa la oportunidad que se presenta a futuro, máxime si pensamos que todavía tienen a nivel mundial más del 80 % del mercado de Sistemas Operativos para todas las plataformas (móviles, tabletas y PC’s).

He de confesar que al igual que tantos otros usuarios he caído voluntariamente en la trampa en varias ocasiones y ya he disfrutado de dos generaciones de iPxd, aunque curiosamente los míos siempre ejecutaban alguna app que no venía precisamente de la tienda de Apple.

Como es conocida mi inclinación por este “lado del mal” la aparición de la tableta Surface me sedujo desde que se anunció y a principios de Noviembre mi hermano Eduardo me trajo, a lo Belen Estaban, uno de estos dispositivos del mismísimo Nueva York. La Surface viene con el SO Windows 8 RT, que no es más que un Windows 8 casi completo recompilado para procesadores ARM y aunque tiene un escritorio Windows, solo se pueden instalar las apps que se descargan de la tienda que Microsoft tiene para Windows 8 RT.

Es decir, un dispositivo tan cómodo de usar como un iPad y con la misma autonomía de batería, pero con puerto USB, capaz de ejecutar Flash y toda la funcionalidad de un PC. Estas navidades Jubilé mis iPxd y me enrole con todas sus consecuencias en la trampa de Microsoft, esperando como una maruja a que llegaran las REBAJAS. Pues aunque la trampa esta tendida para todos, siempre me ha demostrado la historia, que ante todo “avance imperialista”, que diría Hugo Chavez, aparece un grupo de “irreductibles galos” que pretenden instalar en sus dispositivos cualquier tipo de aplicación.

Y mientras en la Costa Oeste Americana unos y otros fabrican hojas Excel para poder calcular los beneficios de sus tiendas de apps, la última semana ha vuelto a aparecer un Poblado Galo, donde se descubría una vulnerabilidad para saltarse la protección del chequeo de integridad del SO Windows 8 RT y así poder instalar cualquier aplicación que este recompilada para ARM. En tan solo una semana han fabricado una herramienta para hacer el “exploit” y conseguir el “JailBreak”.

Figura 1: Surface con Windows 8 RT lista para correr apps de x86

Aunque esta plataforma tiene algunas limitaciones por cuestiones de arquitectura (ARM es un procesador de 32 bit) y todavía no puede ejecutar aplicaciones Java y solo admite el .Net framework en versión 4.5, el proceso para recompilar aplicaciones no es demasiado complicado. Con un Visual Studio 20012 correctamente configurado y los binarios Windows x86 de una aplicación, se puede recompilar esta en breves momentos para ser portada de Windows x86 a Windows RT.

Estos galos modernos, que debido a la globalización, han adquirido costumbres de mormón Amish, trabajan a destajo y en comunidad, los unos portando aplicaciones a ARM, los otros montando una tienda al estilo Cydia y los de más allá investigando si es posible ejecutar con un emulador aplicaciones x86 en un procesador ARM. Mientras tanto, Yo, impertérrito en mi carácter hispano, individualista e impredecible, voy probando sus avances desde la lejanía y espoleado por sus logros salgo del armario tecnológico, y tras varios años en silencio aprovecho para dedicar a sus nobles esfuerzos, este humilde post.

Autor:
PadreParada

PD. Escrito enteramente desde una Surface de “De Rebajas”, al mismo precio y con un 100% más de funcionalidad.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

que no ha descargas = a descargas

Ami = Amish

:P

Anónimo dijo...

"De rebajas" ? Y de cuanto estamos hablando exactamente ? Porque mira que es caro el cacharrito ese... Me queria pillar uno, pero por precio ganó el ipad mini.
Ni los fabricantes ni microsoft terminan de ponerse las pilas, la peña quiere algo bueno, bonito y barato. Que las cosas no estan para gastarse 800 leuros en un tablet. Pero 329 del ipad mini no estan mal. Para cuando un surface mini por 300 euros ?

Sergio Rodriguez dijo...

Sin ánimo de tocar las pelotas demasiado, en Android basta con cambiar un valor en las preferencias del sistema para poder instalar las apps de cualquier origen, ya sean de tiendas negras, descargadas de la página del desarrollador o lo que sea.

Vale, no es igual de emocionante que poder ejecutar aplicaciones winx86 en tu supernueva tableta pero se carga un poco parte del artículo.

Saludos malignos a ti también.

Anónimo dijo...

Arm es una arquitectura, no un procesador de 32 bits.

Por otro lado, entiendo tu entusiasmo y flipo con que sólo puedas instalar cosas de la Windows Store.
No es un tablet, es una consola.

En Android tienes otras tiendas, por ejemplo la de amazon.
Si quieres instalar cosas fuera de la tienda, basta con activar una opción en las opciones del sistema.

Javier Lorente dijo...

Creo que nunca había leído una descripción tal afín a la realidad sobre lo siento cuando voy de tiendas. :-)

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