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domingo, enero 19, 2025

Las enseñanzas de un "Marathon Man & Drone Pilot"

Hoy es imposible que no le dedique la entrada de este blog a una buena persona que ha sido muy importante en mi vida. Ayer José María Álvarez-Pallete tuvo su último día en Telefónica, y hoy tenía que escribir sobre él, porque es lo único que me sale de las tripas delante de mi página en blanco del blog.

Figura 1: Las enseñanzas de un
"Marathon Man & Drone Pilot"

El chico de Móstoles, de familia humilde, que decidió que no se iba a quedar llorando las penas en la vida y que iba a pelear por sobrevivir, se encontró con este Marathon Man & Drone Pilot en diciembre de 2010, en una convención de directivos de Telefónica en Brasil. Yo daba una charla de las mías de ciberseguridad, y por la noche en la cena - donde me puse la camiseta de "No, no voy a arreglar tu ordenador" - él, que era el Presidente de Telefónica Internacional S.A. - vino a decirme lo mucho que le había gustado mi charla. Y fin de nuestro primer encuentro.

En Navidades de 2011, siendo él nombrado Presidente de Europa, me mando llamar para hablar conmigo. Yo me negué a quedar con él hasta que no me dijera para qué era. Sólo para hablar de tecnología. Quería acelerar Wayra y se acordó de que había un chaval de Móstoles que sabía "algo" de tecnología. Me quería invitar a conocer Wayra para que le diera mi opinión. "¿Sabes lo que es Wayra?. No. Es una aceleradora de startups, ¿sabes lo que es una aceleradora de startups? No, no sé ni lo que es una startup. ¿No?, pero si tu tienes una, Informática 64. No, esa no es una startup, es una empresa de la que vivimos varias familias". Y allí comenzó todo. 

Fui en Enero de 2012 a ver Wayra, con amigos, y al terminar la visita, después de haber entrevistado a todos los emprendedores, me preguntó: "¿Que te parece? Bien. ¿Sólo bien?... ¿Quieres la verdad? Sí, Chema, dime qué opinas. Pues que hay mucho Steve Jobs y poco Steve Wozniak. OK, Chema, quiero que llenemos Telefónica de Wozniaks. Que esta empresa tenga la mejor tecnología posible". Y me dejó flipado. Tanto, que me lo tomé en serio y le mandé un PDF con un programa que llamé "Talentum".

Así comenzó mi andadura con Telefónica, de la que me fui enamorando gracias a este hombre bueno que escucha, que aprende, y que cuando te regaña lo hace muy bajito. Tan bajito que asusta más. Me dijo que le gustaba la idea, que hiciera Talentum, y que llenara esta compañía de developers, de hackers, de ingenieros, pero sobre todo de buena gente. Me enseño los valores de esta casa. Me enseño valores de vida. Me enseñó a que sí que importa cómo hagamos las cosas. A que cuando miremos hacia atrás veamos un camino recto. Que lo gris oscuro no está bien.

Le nombraron COO y quiso acelerar Telefónica Digital, así que a varios empleados nos pidió diferentes tareas, y una de ella era montar la mejor empresa de Ciberseguridad, y ahí nació ElevenPaths. Nunca dejaba de dar zancadas. Así que en medio de la disrupción tecnológica, quiso que Telefónica hiciera la transformación digital al mundo del Cloud y del Big Data, para aplicar Machine Learning a la operación de la empresa. Creamos Kernel, innovamos, nos arriesgáramos con cosas nuevas, con el Web3, con el mundo de la IA y con la apificación de toda la red.  Yo siempre pensaba que lo que nos decía al principio era una locura y un proyecto enorme, pero al final, cuando lo íbamos sacando pensaba: "¿Cómo lo vió?"

En este viaje, con su humildad y trabajo, José María nos enseño a trabajar por y para Telefónica. A cuidar a las personas. A que esto no va de ganar o perder sino de hacer mejor la compañía. Y a veces para ser mejor hay que dejar ganar a otros. A que estuviéramos agradecidos de poder vivir parte de la historia de esta empresa. A recordar a los que antes que nosotros trajeron esta compañía hasta nuestros días. A trabajar por dejar una mejor compañía a los siguientes. A no dejar de dar zancadas, que esto no es un sprint, sino una Marathon. A no borrarse de los problemas, sino sentarse, remangarse y ponerse a trabajar en ellos. 

Siempre se sintió honrado de tener la suerte y la responsabilidad de ser el presidente de la compañía, y de serlo el año del centenario de Telefónica, que se convirtió en un movimiento de doce meses del que todos, empleados, clientes, personas de la sociedad, pudieran sentirse orgullosos de la compañía. Telefónica es de todos, y quería que así la sintieran todos.

Nos enseñó a que Telefónica es más grande que todos nosotros, a que pensemos en la siguiente generación de directivos que tendrán que cuidar lo que le dejemos los equipos hoy en día. A no tomar decisiones a corto que hagan mal a la empresa a pesar de que vengan bien ahora. A que ese despacho suyo no era suyo, sino de todos, y que él sólo estaba de paso. Allí puso el ordenador Amstrad que yo le regalé. Y de allí se lo llevó ayer.

Podría contar mil historias llenas de detalles de lo buena gente que es este Marathon Man & Drone Pilot, pero si has tenido la suerte de conocerlo, ya lo sabes. Un tipo especial de alma buena. De esos jefes que escuchan, escuchan, escuchan, y aprenden. De esos que saben que no saben todo. De esos que te cambian la opinión, pero que también cambian la suya cuando toca. Que procura tomar las decisiones correctas a pesar de que no sea la mejor para él. En definitiva, un hombre bueno. Esto fue lo que me ayudó a tomar dos decisiones muy concretas en dos momentos de mi vida muy puntales.

El primero en el año 2012, cuando me dijo que quería que entrara a trabajar en Telefónica para hacer la empresa más grande de Ciberseguridad de este país. Eso implicaba vender Informática 64 a Telefónica. Yo me fui a hablar con Rodol y le dije: "¿Qué hacemos, Rodol? ¿Nos vamos, nos quedamos, me voy yo y tú te quedas? ¿Qué quieres que hagamos Rodol?" Él, que lleva toda la vida conmigo y que sabe cómo soy me dijo: "¿Qué tal persona es José María?" Yo dije:"Creo que es un buen hombre, me fío de él". Y Rodol dijo: "Pues vámonos todos a Telefónica". Y así hicimos.

El segundo momento fue en medio de cambios en mi vida personal donde tenía sobre la mesa la posibilidad de irme de Telefónica. Yo no sabía bien qué hacer pues tenía mucho ruido alrededor. Después de dos meses de idas y venidas, me invitó a su despacho: "Chema, yo quiero que te quedes en Telefónica, pero también quiero lo mejor para ti, así que lo que hagas será bueno." "Gracias," contesté. "Y ahora, cuéntame qué tenemos que hacer con esto de los ordenadores cuánticos, que no sé bien cómo debemos prepararnos para el futuro cuántico que vendrá".

Por la noche, quedé a cenar con mis amigos y me preguntaron por la reunión con él: "Pues hemos estado hablando de ordenadores y computación cuántica... ¿te lo puedes creer?". Mis amigos me preguntaron sobre qué iba a hacer al final, si quería irme o quedarme. Y yo les dije: "Él quiere lo mejor para mí, y hemos estado hablando de ordenadores cuánticos.... Yo creo que me quedo con él que voy a disfrutar más una empresa tan tecnológica como Telefónica."

Pasarán los años, seguiré haciendo cosas, disfrutaré de lo que me quede de mi carrera profesional, que yo soy de los que no creo que me jubile nunca, pero seguiré viviendo agradecido por los años que pasé con él. Con lo que aprendí de él. Con lo que me enseñó sin dar clases ni lecciones. Con su ejemplo. Sé que nunca podré ser cómo él. Simplemente soy distinto. Me he hecho de otra forma. Pero la manera en la que viva, siempre tendrá un punto "palletista" gracias a las enseñanzas de este Marathon Man & Drone Pilot. 

¡Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  


sábado, junio 08, 2024

De paseo por Móstoles: Una entrevista con el conserje, el camarero y el quiosquero de mi barrio

Esta semana ha salido publicada la entrevista que me hicieron para El Mundo Gran Madrid, la sección "Diarios de Barrio", donde se recogen historias de esos que nos hemos criado en los barrios de Madrid. Para mí fue un día muy bonito, y la verdad es que el vídeo de la mañana, que ha quedado de más de 15 minutos de duración está divertido.
En este paseo por Móstoles visité primero mi Instituto de Bachillerato "Móstoles VII", que luego se rebautizó como "Ana Ozores" y hoy en día se ha integrado en el llamado "Juan Gris". 

Estuve un rato por allí, en la cafetería, y charlando con Miguel, el conserje que lleva allí toda la vida y con el que tengo muchas aventuras de aquellos años.


En ese IB he pasado muchas horas, porque luego además hice mi Voluntariado Social, cuando existía la mili y los que no queríamos ir teníamos que hacer trabajos sociales. Además, hace años conté la anécdota de cómo, gracias a saber informática, conseguí que me movieran los papeles. La historia la tienes en el artículo de "Prometo estarte agradecido" que escribí en 2008.

Luego visitamos por fuera el antiguo Colegio Público Fausto Fraile donde hice 1º de EGB, luego pasamos por delante del C.P. León Felipe donde hice 2º de EGB, hasta aparcar enfrente del Colegio Público Pablo Sorozabal, donde cursé de 3º a 8º de EGB
Para ir después a la Cafetería La Flecha, donde además de estudiar muchas horas durante mi época de Universidad, pero también dónde decidimos crear Rodol y yo nuestra querida Informática 64, y que os conté en el artículo: "Vamos a montar una empresa. Ni de coña."
Luego fuimos a mi barrio de La Loma, para ir a ver a José el quiosquero donde compraba cómics - ojeaba más que comprar que la economía era la que era -, los periódicos y las revistas de ordenador. Aún sigue ahí en mi barrio, aunque tras la reforma del parque lo movieron de sitio. El quiosquero sigue siendo José.

También pasamos a tomar un café en la cafetería Pianca de mi querido Luís, que antes de emprender y montar esta cafetería, había sido uno de los que me ponía los cafés uno tras otro para que yo estudiara en La Flecha.
Y por supuesto, fuimos a buscar los locales que eran en su momento la Academia Rus, de la que tantas veces os he hablado. De aquel local oscuro donde por primera vez me topé con un ordenador de 8 bits para aprender de eso del futuro. Aunque no os lo creáis, detrás de esa puerta (que era muy similar cuando yo tenía 12 años), se guardaban los ordenadores. 

Luego se cambiaría de local a detrás de la Calle Libertad, pero este fue el primer sitio donde yo toqué un ordenador con mis dedos en mi vida. Donde hice mi primer programa, justo al lado de la sede de la Asociación de Vecinos de La Loma. Y por supuesto, ya que estaba por allí, me encontré con mis vecinos, como el Señor Antonio, que aquí está conmigo dándome cariño. Él me conoce desde que nací.

Pasaron muchas más cosas en esa mañana donde yo me llevé mi gorro por el barrio - no lo suelo hacer -, pero si quieres conocer más de mi Móstoles y mi infancia esos años mientras me formaba como persona, este vídeo y la entrevista te pueden dar buenas pistas
Además, aprovecho para dar las gracias al periodista y el fotógrafo que son dos tipazos de aupa y me lo pasé genial con ellos paseando y charlando por Móstoles.
El pájaro este de Daniel Izeddin fue el culpable de este regalo tan bonito de poder volver a visitar mi infancia y adolescencia en Móstoles. Las fotos son de @seanphotos.

¡Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  


sábado, abril 06, 2024

Mi forma de medir el paso del tiempo y cuantificar el movimiento

Un amigo me dijo que la velocidad del tiempo la percibimos como un porcentaje del tiempo que llevamos en esta vida. Es decir, que cuando tienes 10 años un día representa mucho más porcentaje de tu vida que cuando tienes 48 años. Esa supuestamente es la razón por la que un día cada vez parece que va durando menos, que los meses pasan corriendo y los años volando. Yo no sé si será cierto, pero sí que tengo mi propia forma de ver el paso del tiempo y de sentir constantemente la gravedad de su existencia.

Figura 1: Mi forma de medir el paso del tiempo y cuantificar el movimiento

He de decir que yo a mis amigos les he dicho muchas veces que si mañana muero, que tengan claro que yo he vivido mi vida cómo he querido, que he aprovechado mis días en este mundo y que mi única preocupación es poder ayudar o acompañar a Mi Hacker y Mi Survivor en la jungla de la vida hasta verlas disfrutar su vida como ellas deseen. Por lo demás, se trata de divertirme y pasarlo bien día a día para mí. Hacer cosas que me gustan, y gastar el tiempo en todas esas tontunas que a mí me gustan.

Y cada día me levanto, pienso en qué tengo hoy pensado para publicar en el blog, miro la fecha qué es, y empiezo a recordar cosas que he hecho en otros años en esta misma fecha. Recuerdo los años desde que impartí una charla, desde que comencé un proyecto, me pasó algo concreto o disfruté de una actividad concreta. Y de todos esos momentos, por supuesto, han pasado años, lustros e incluso varias décadas.

El mes de Abril tiene muchas cosas en mi cabeza. Dentro del Stint 2 de mi año, recuerdo la canción de Joaquín Sabina de mis años de juventud, cuando fui a verlo tocar en Las Ventas en mis recién cumplidos veinte años, o cuando le puse el asiento al hoverboard y me pasé toda una mañana haciendo "ñññiiiiiaaaaaunnnn" a toda velocidad en mis pocos cuarentas. O el momento en mis tardíos treinta en el que tuvimos que firmar la transacción de venta de Informática 64 para constituir en este mismo, en mis tardíos treinta y muchos la constitución de ElevenPaths

Así voy siendo consciente del paso del tiempo. Mirando qué pasó este mismo mes en años pasados. Y no lo hago solo como ejercicio de nostalgia, no penséis eso. Para mí es un ejercicio de examen y revisión de decisiones. Para saber qué he hecho bien, y qué no he hecho bien desde que pasó eso

Recuerdo cómo eran mis sentimientos cuando estaba sentado en la grada del concierto de Joaquín Sabina. Conecto con aquel yo que no sabía aún qué iba a ser de él. Con mi chilaba, cantando canciones corta-venas como la de "Quién me ha robado el mes de Abril....", aún sin haber terminado mi Ingeniería Técnica en Informática de Sistemas, aún sin comenzar casi mi vida como profesional de los ordenadores. Cuando pienso en ello digo: "¡Vaya viaje!" Y me da buen rollo. Saber lo poquito que había vivido hasta ese momento, y lo que he podido vivir y aprender hasta este momento. Aquel Chema Alonso no lo sabía aún.

Es el año 2008, principios de Abril, el fin de semana después de venir de mi primera charla en BlackHat Europe el 28 de Marzo de 2008. Había salido bien. Había tenido que vivir en Londres meses antes para poder prepararme el inglés. Aún no era padre. Tenía treinta y pocos. Informática 64 iba bien, yo había vuelto a la universidad a hacer mi Ingeniería Informática, y estaba haciendo el Máster para poder comenzar con el doctorado. Estaba muerto. Habían sido meses preparando aquella charla. Recuerdo que me senté en el sofá y pensé en el futuro. "¿Qué hacer ahora?" y tomé la decisión.... "Ahora a por DefCON". Iba a comenzar mi carrera internacional dando conferencias. Ese mismo año iría a DefCON. Hoy con la distancia sé que aquella charla fue muy importante para mi vida. Aquel fin de semana, después de venir de Amsterdam, tomé una decisión importante... que iba a cambiar mi vida. Y lo hizo para bien.

El Abril del año 2009. Me han vuelto a seleccionar como ponente en BlackHat Europe. He ido a hablar de la FOCA, y la hemos liberado. La FOCA, un proyecto locura que iba a cambiar mi vida para siempre. Conecto con aquel yo de ese año y recuerdo los nervios. Las demos. Los nervios. "¿Gustaría la idea de hacer OSINT con Metadatos?" y después de esa primera charla, a DefCON para hacer famoso el slogan de "Fear the FOCA!". No tenía ni idea de que ese proyecto, con ese nombre, iba a ser tan importante en mi vida.

Es el año 2012, 10 de Abril, y estamos anunciando el programa Talentum. Yo llevaba desde Febrero trabajando en él. pero no fue hasta ese 10 de Abril que no se hizo pública la convocatoria de becas. Era mi primero proyecto en Telefónica. En Enero se lo había enviado a revisar a gente muy cercana a mí - que me ayudaron a afinarlo y nunca he agradecido suficiente-, y me lo habían aprobado. Así que iba a comenzar con él. En esos momentos no sabía si iba a continuar en Telefónica. No me estaba acoplando bien. Pero Talentum comenzó, y fue solo el primer paso. En Abril del año siguiente, con un año más, iba a venir el siguiente movimiento.

Me retraigo a mis treinta y ocho años, ya trabajando en Talentum en Telefónica, y después de anunciar en la RootedCON del 2013 que Informática 64 se iba a Telefónica, encontrarme entrando en el Oeste 3 con mis compañeros de Móstoles. Acompañado de mi "brodal", de Rodol, de Jandro, con Palako conectándose por Skype, Fran, Rocío, Rober, Pablo, Antonio, Tony, Ioseba, y el resto de los compañeros. Pensando ..."¿Qué será de nosotros? ¿Has hecho lo correcto Chema? ¿Nos irá bien?" Sin saber qué nos íbamos a encontrar allí en ese Distrito Telefónica. Cargados de energía, de ganas, con nuestros portátiles y hábitos de "modo startup". Me meto en esos pantalones y pienso... "¡¡Uff!! ¡¡Cuántas noches sin dormir te quedaban por delante, Chema!!". Y no solo ElevenPaths, también nacía 0xWord. Dos proyectos en uno.

Si me conecto con el Chema Alonso de los recién cumplidos cuarenta en el mes de Abril, la vida se volvió loca otra vez. Había entrado en el Comité Ejecutivo de Telefónica. Era el Chief Data Officer. Había dado la charla en un nuevo Mobile World Congress. Había tomado la decisión de dejar de ir a la Televisión para bajar mi exposición pública. Estaba pasando una etapa baja de ánimo y me refugié en el deporte. Correr. Bicicleta. Monopatín. Patinar. Nadar. Y Hoverboard.

Recuerdo ese Abril. Había pasado la presión del MWC y la RootedCON. Ya sabéis, había acabado mi Stint 1 del año, y me fui a jugar con el HoverBoard con asiento. "Ñiaaaaummmmm" iba diciendo en las curvas sentado en él y manejándolo con las palancas. Conecto con aquel Chema Alonso y estaba fuera de mi zona de confort. Sólo los momentos como esos de deporte y diversión me mantenían. Me estaba replanteando mi vida entera. Y no iba a ser fácil lo que me venía por delante. Cambios. Decisiones. Giros Profesionales. Cuando me acuerdo de aquel momento pienso en lo complejo que era el futuro y la de cosas que tendría que vivir después, paso a paso. Y sé que fue importante para construir la persona que soy hoy. Tenía que tocar fondo en mi reflexión para elegir la dirección adecuada.

Es Abril, ya estoy en los mid-forties, y estoy preparando un viaje con mis amigos. Nos vamos a navegar en Junio por el Mediterráneo. Seis colegas encerrados en un barco durante una semana. Mi vida sigue siendo un caos de equilibrio inestable, pero que he conseguido estabilizar. Me estoy creando las rutinas de mi hoy. Tengo en la cabeza una idea muy loca que no me quito ni de día ni de noche. El correo electrónico y los canales de comunicación no son eficaces para las personas que tienen una imagen pública. Y hay mucho spam, mucho APT con phishing, mucho malware. Necesitamos una forma protegida para comunicarnos con ellos. Es el año 2019 y le estoy contando en el mes de Abril a mis colegas la idea de MyPublicInbox. Nos vamos en Junio de viaje, y durante ese viaje con MyPublicInbox en pleno trabajo.  El viaje marca el inicio de una nueva tradición, MyPublicInbox se convirtió en una realidad en Octubre de ese año, que antes había que programarlo.

Y este mes de Abril, claro que estoy pensando en nuevas cosas. Cosas que os contaré en breve y que llevo trabajando meses. Llevo meses queriendo llevar algunos proyectos a Estados Unidos, y este mes comenzaremos con ello. Además, esta semana pasada hemos firmado otro cambio importante en uno de los proyectos. También es el mes en el que voy a Londres mañana mismo para ver otros proyectos. Todos ellos irán dejando un hueco en mi repaso de mi vida. Serán mi forma de contar el paso del tiempo en el futuro. Las muescas que iré dejando marcadas. 

Al final, como uno va tejiendo su vida sobre un tapiz hecho con muchos años, el número de meses de Abril que ya he pasado me da para muchas batidas del mismo juego, el de vivir mi vida, y como os he dicho al principio, esa obsesión que tengo por beber la vida, no a sorbos, sino a borbotones, me deja muchas cicatrices en el cuerpo, el alma y el calendario. Es mi forma de medir el paso del tiempo y el movimiento.

¡Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  


viernes, abril 05, 2024

Premio Nacional de Divulgación del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática. Gracias

Ayer fue la entrega de los Premios Naciones del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática, donde tuve el honor de recibir el Premio Divulgación Digital por esto que hago yo de escribir artículos, grabar vídeos, dar charlas, y contar las cosas que voy aprendiendo a todo aquel que quiere venir a escucharme.

Figura 1: Premio Nacional de Divulgación del Consejo General de
Colegios Profesionales de Ingeniería Informática. Gracias

Así que el artículo de hoy es solo para dar las gracias a los compañeros de los Colegios Profesionales de Ingeniería Informática no sólo por el premio, sino por preocuparse de representar y defender a los Ingenieros Informáticos en todos los foros donde sea necesario.

Figura 2: Premio Nacional de Divulgación del Consejo General de
Colegios Profesionales de Ingeniería Informática. Gracias

Fue un acto corto, pero sí que hubo la ocasión de hablar un par de minutos tras recibir el premio, y yo lo aproveché para hablar de tres cosas a colación con el premio y el lugar:

1.- Divulgar por necesidad: En mi caso divulgar ha sido una necesidad. Primero porque era la forma en la que nosotros - desde nuestra querida Informática 64 - hacíamos el makerting de la compañía para que nos conocieran, así que en lugar de contar lo buenos que éramos, lo que hacíamos era divulgar contenido en conferencias y en este blog de El lado del mal

En segundo lugar divulgábamos porque era nuestro trabajo, y nos encantaba dar formación, que es una de las formas más bonitas y cercanas de la divulgación.

Figura 3: Contando estas tres cosas que os estoy contando ahora

Y en último lugar, divulgar para "sobrevivir", porque en las empresas en las que hay que tomar decisiones tecnológicas, estas no se pueden tomar sin entender los detalles, así que hago muchas reuniones de divulgación internas para que sea más fácil debatir y tomas decisiones sobre el futuro de proyectos tecnológicos e innovación.

2.- "Muy Técnico pero sé sumar con los dedos": Esta es una de las cosas que yo suelo decir muchas veces. Soy Ingeniero Informático, pero también "sé sumar con los dedos", gestionar proyectos, crear empresas, llevar equipos de personas. 
 
Y si alguna vez te rechazan para un puesto de C-Level por ser "Muy técnico", entonces estás en una empresa en la que no debes estar, porque las empresas más exitosas de tecnología más importantes y valiosas del mundo han sido fundadas y son dirigidas por personas "muy técnicas que además saben sumar con los deditos".

3.- Ingeniero es Ingeniero: Aprovechando que estábamos en la Real Academia de Ingeniería, aproveché para recordar que las carreras de Ingeniería Informática son carreras de Ingeniería, así que si para el resto de las Ingenierías hay reconocimiento de sus habilidades y reserva de actividad para puestos que hoy en día son de Informático - mayoritariamente -, entonces hay que repensar esas Reservas de Actividad para que tengan en cuenta a los Ingenieros Informáticos.

Y poco más, aprovecho el artículo de hoy para agradecer una vez más al Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática por hacerme este honor, que no hay nada más bonito que tus propios compañeros de profesión te den un reconocimiento como éste. Gracias.

¡Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  


sábado, julio 22, 2023

El Plan

Siempre he tenido un plan. No hago las cosas a tontas y locas. El Plan. El gran y sencillo plan que nos guía a cada uno de nosotros. El mío era sobrevivir en aquellos inicios de mi vida. Después, estar preparado para lo que pudiera pasar y no volver a la casilla cero. Luego, defender a mi prole y no inculcarles las necesidades de sobrevivir a tan temprana edad como las interioricé yo. Y por último disfrutar lo que pudiera en esta vida. No lo fío todo al futuro o lo que venga después, no sea que no haya cómics que leer. El Plan sencillo de la vida, que la vida es una gran sala de espera....la otra...

Figura 1: El Plan

Y por el camino pasan cosas, y tienes que tomar decisiones difíciles. Dolorosas. Elegir. Tomar un camino u otro. Y es ahí cuando tienes que medir las decisiones en base a El Plan. Y vaya si lo he tenido que hacer veces. Más de las que me gustaría, menos de las que debería, que por azares de la física, la química y la filosofía, he acabado encontrándome en caminos que no quería recorrer. Y de alguno he regresado solo porque no conocía bien el destino, y no quería acabar en bucles y playas ya conocidas. Otros me hubiera gustado caminarlos, pero no estaba seguro de que encajara el destino en El Plan. Quién sabe qué fue malo o qué fue bueno de esas decisiones.

Pero es en las sencillas cosas del día a día donde más nos suele costar la medición de nuestros actos, y de los míos en concreto, con mi mágico Plan. Cuando decido enfadarme por una chorrada, o discuto con una de mis hijas. Cuando no le he dicho a mi madre que hoy la quiero mucho y está muy guapa. Cuando he trabajado más de lo que debía y me ha dado un desfallecimiento físico. O cuando el volumen de problemas que gestiono en paralelo en el aire comienza a necesitar que tengamos ya los ordenadores cuánticos. En ese momento, me siento, dejo todo, y repaso la lista que construí con las indicaciones que me dijo mi amigo Fer.

- Tener más reuniones.
- Preparar más excels con datos para una reunión.
- Quedarme más días sin hacer deporte para sacar más trabajo.
- Discutir en más reuniones.
- Enfadarme más.
- Ganar más discusiones.
- Pasar más tiempo discutiendo con mis hijas.
- Regañar más con la gente que me quiere.
- ...

Esa lista de cosas que me van a importar una mierda el día que esté en mi lecho de muerte. Esa lista de idioteces que cuando el tiempo se extingue pasan de ser importantes a una mera pérdida de él. Y me la clavo con una chincheta en la cabeza, para que sangre de dolor cada vez que no hago cosas que tienen que  no tienen que ver con El Plan. El sencillo plan de tomarse una caña, una café, con gente que te aporta cosas. El sencillo plan de vivir mientras nos quede tiempo. El sencillo plan de que a esta vida hemos venido a ser felices y no a acumular nada. Ni dinero, ni fama, ni poder, ni nada. El Plan de que se es más feliz disfrutando del sol, que teniendo un status que te dé la fama, el poder o el dinero. 

El Plan es otro. 

Mi Plan siempre ha sido otro.

Recuerdo aquella servilleta que Rodol y yo escribimos cuando íbamos a crear Informática 64. Esa servilleta llevaba nuestro Plan. Y era que Rodol y yo disfrutáramos más la vida. Y recurrimos a ella muchas veces. Y no nos fue mal. Y no nos va mal. Y ayer mismo nos sentamos y hablamos de cómo nos va, de qué queremos hacer para el futuro, de lo que debemos hacer entonces sabiendo lo que queremos. 

Nos reímos. No nos ha ido mal con El Plan. Nos abrazamos. Nos despedimos para volver a vernos en breve, cuanto tengamos que ejecutar alguna decisión acorde con El Plan. Con el sencillo plan de vivir. Rodol quiere disfrutar más el norte de España. Yo quiero tener más tiempo libre para mí. Saber tirar la bomba de humo y desaparecer.

- "Y si nos va mal, pues volvemos a empezar, ¿no?", le dije.

Se rió un poco. 

- "No parece que vaya a ser necesario, pero....", contestó.

Nos reímos juntos. Nunca hemos querido mucho más. Hace tiempo que los dos sobrepasamos todo lo que nos hubiera bastado en la vida cuando teníamos 13 y 15 años. Solo teníamos un Plan bastante sencillo. Y ayer lo volvimos a suscribir. Yo sé que si lo necesito estará para mí. Él debería saber que si me necesita estaré ahí para él. Pero ninguna necesitamos demasiado.

Mi Plan es más sencillo de lo que algunos pueden pensar. Es cierto que he intentado resolverlo con tiempo, y jugar en terreno contrario para evitar problemas de última hora, pero un buen cómic, un café con hielo, y la vida pasa feliz. Un bloc de dibujo y unos rotuladores y puedo pasarme la tarde dibujando monstruos con cualquier niño. El Plan sencillo de vivir. Una cerveza, unos frutos secos y unas risas, planazo. Un paseo por el campo, una cena, montar en bicicleta, chistes malos, ... entran en El Plan.

Sí, sé que este artículo de hoy está motivado por muchas cosas. Por el fallecimiento de F. Ibáñez al que llevaba tiempo queriendo hacer un homenaje, la dolorosa pérdida de mi amigo Kevin Mitnick, y que el pasado 20 de Julio era el aniversario de la muerte de Chester Benington, al que iba a dedicar un artículo que no salió. Todo eso se ha mezclado en mi cabeza, y me ha recordado las charlas que tuvimos para irnos escapados seis amigos este año a navegar por Montenegro y Croacia

- "¿Qué vamos a esperar, a que a alguno le pase algo para hacer este viaje?"

Y así los convencí, uno a uno, y luego a todos. Y es que, la vida es lo que pasa mientras que haces planes, por lo que más vale que El Plan que tengas sea disfrutar mientras vives, con un Plan que no sea al final. En el mundo de las finanzas a eso le llaman el Hockey Stick, cuando se supone que vas a perder mucho al principio, que te va a ir negativo los primeros meses, años, pero luego... todo será maravilloso.  Pues bien, más vale que El Plan tenga poco Hockey Stick, o que te asegures de que estás en la parte positiva del Hockey Stick el tiempo suficiente como para que te haya merecido la pena la parte negativa. Como decía el gran Rosendo, "más vale que te sientas bien de ti, cuando se te asome al pelo el gris."

Y ejecuta "El Plan".

PD: Este post se lo quería dedicar a una persona que me estuvo haciendo tests de COVID los últimos tres años. Que descubrió que su pasión era el submarinismo, que dejó Madrid, su trabajo fijo, y se fue de monitor de submarinismo al sudeste asiático, porque, según me dijo: "A mí me gusta hacer submarinismo, así que no pienso pasarme trabajando 11 meses para disfrutar 1. Prefiero disfrutar todos los días, y sentir que estoy viviendo lo que quiero vivir." Va por ti, Chema. 

¡Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  


domingo, mayo 30, 2021

"Vamos a montar una empresa". "Ni de coña".

No tenía ni idea de lo que significaba eso de "start-up". Y llevaba ya varios años con Informática 64. Ni idea cuando lo escuché por primera vez. Tampoco sabía mucho inglés, así que podría significar cualquier cosa en mi cabeza. Había montando con mi colega de toda la vida Informática 64 en el año 1999, pero para nosotros no era ninguna "start-up" de esas que empezaba a tener la gente después. Nosotros montamos una empresa. Para trabajar. Para hacer proyectos. 

Figura 1: "Vamos a montar una empresa". "Ni de coña".

He contado muchas veces esa historia, y es tan verdad como que ahora yo soy el responsable de las start-ups y la innovación en Telefónica. Pero en aquel Enero de 2012 cuando me reuní con un ejecutivo de la gran Telefónica por primera vez en su despacho en el Edificio Sur 3, no tenía ni idea. Yo no sabía muy bien para qué era la reunión, así que la decliné un par de veces porque el que me convocó no sabía decirme en detalle para qué era. Pero una vez allí descubrí que iba a ser una reunión muy agradable porque sólo se trataba de enseñarme, y que le diera mi opinión, su proyecto, llamado, Wayra.

Recuerdo que me preguntó sobre cómo sería el mundo de la tecnología en el futuro, y yo le dije que no tenía ni idea. Que aún me resistía a usar WhatsApp. Y entonces comenzó una conversación que fue más o menos así.

- "¿Has oido hablar de Wayra?". 
 
- "No, ni idea". 
 
- "Es una aceleradora de startups que hemos abierto en Madrid". 
 
- "No me enterado. En mis RSS no me ha salido nada." 
 
- "Bueno, pues es una aceleradora de startups, ¿sabes lo que es?". 
 
- "No. Lo siento. Es la primera vez que lo escucho. Yo soy más de seguridad informática y hacking". 
 
- "Us una empresa que se dedica a incubar a startups para que crezcan". 
 
- "Lo siento, pero es que no sé tampoco qué es una startup." 
 
- "¿Pero tú no tienes una startup?". 
 
- "¿Yo? No que yo sepa". 
 
- "¿Pero Informática 64 no es tuya?". 
 
- "Y de Rodol. Pero eso no es una startup, ¿no?". 
 
- "¿Pero Informática 64 no es una empresa que habéis creado para crecerla?". 
 
- "Bueno, la creamos para trabajar, que teníamos que facturar los proyectos".

Y así fue mi primera entrevista de trabajo, sin saberlo, con quién sería mi jefe durante ya casi diez años. En dos semanas estaría trabajando con él. No acertando ni una sola de las cosas que me preguntó. Pero muchas veces recuerdo con humor aquello. No porque no supiera qué era una start-up, ni un aceleradora de start-up, ni tan siquiera Wayra. Ni estaba en los círculos de emprendimientos, ni de emprendedores, ni tenía idea del ecosistema de fondos, aceleradoras, rondas de VCs, ni cómo se organizaba este ecosistema que hoy, diez años después, conozco algo más.  

Claro, si eso fue en el año 2012, imaginaos la puñetera idea que teníamos Rodol y yo de estas cosas allá por el año 1999, cuando tomando un café en la cafetería La Flecha de Móstoles, le propuse a Rodol montar una empresa. La conversación fue también del estilo de la anterior, y me he reído muchas veces contándolo y recordándolo con él. Hoy, que teníamos casi, casi, casi, la mitad de los años que tenemos hoy.  La charla fue tal que así:

- "Rodol, vamos a montar una empresa". 
 
- "Ni de coña." 
 
- "Que sí Rodol, que tenemos muchos proyectos y podemos montar un equipo chulo." 
 
- "Que no, Chema, que ni de coña me meto yo en una empresa." 
 
- "Que sí, Rodol, hazme caso. Vamos a montarla. Tú y yo." 
 
- "No va a pasar Chema".

Pero sí que pasó.

Y claro que entiendo a Rodol. Ninguno de los dos teníamos puta idea de cómo funcionaba una empresa de verdad. Nuestras experiencias previas habían sido de colegas pagando autónomos y no mucho más. No sabíamos nada de contratos de personal, de gastos de empresas, de escrituras, notarios, y nada parecido. Ni puta idea. Pero... ya lo aprenderíamos.

Al final, lo que hemos llevado dentro han sido ganas de hacer cosas chulas. Proyectos. Emprender cosas no para montar start-ups con el objetivo de ser multimillonarios. Al contrario, montar empresas y proyectos porque molaban, porque podía ser divertido, porque nos ayudaría a ganarnos la vida con algo que nos gustase. Y eso era genial. En un mundo donde Rodol hacía trabajos de repartidor y mil y una otra cosa, y yo tenía que ir a pintar pisos o trabajar en obras de albañilería, el soñar con tener una empresa para ganarnos la vida con la informática, haciendo proyectos de todo tipo... era nuestro éxito.

Hoy en día, con mucha perspectiva de años detrás, sigo aferrándome a aquella sensación. A mis amigos de siempre que me recuerden de dónde vengo, qué no siempre fue así. Que me obliguen a mirar al pasado para que esté feliz de haber logrado el sueño de ganarme la vida con la informática. Y que me obligue a seguir haciendo cosas, proyectos, empresas o start-ups. Por el camino hicimos Informática 64, 0xWord, ElevenPaths, todos los proyectos en Telefónica con Aura, Movistar Home, Living Apps, LUCA, y ahora MyPublicInbox

Y no teníamos ni puta idea de nada.

De nada. Y tampoco teníamos a nadie que nos enseñara. Ibamos aprendiendo cada día. Hacíamos, hacíamos, hacíamos, probamos, cambiamos, peleamos, sufrimos, y seguimos aprendiendo. Hoy, en los nuevos proyectos, en las nuevas iniciativas, sigo manteniendo esa idea de pelear, hacer, probar, cambiar, hacer, y aprender cada día un poco más.

Y no os cuento esto solo por casualidad. Os lo cuento porque creo que es una pena que tengamos tan pocos emprendedores en este país. Claro que hay emprendedores, no me malinterpretéis. Tenemos un buen número de referencias que son para quitarse el sombrero. Pero nos faltan muchos más, y creo que falta un poco de empujón en mi querida Universidad, y en los centros de enseñanza media. 

Sí, sé que nos falta mucho con medios privados y con una administración pública más ágil, y lo sé por experiencia propia, porque recientemente tenido la experiencia de esperar 4 meses para recibir las escrituras del registro de una start-up en Madrid. Cuatro meses esperando a poder operar y facturar porque tenía que pasar por el registro de Madrid. El ecosistema para emprender no está hecho para que sea un camino de rosas. Falta financiación, apoyos por doquier, no todos quieren que cuando alguien monta una empresa le vaya bien, y mil una más trampas. Y hay muchos impuestos y gastos al inicio que no suelen ayudar a montar una empresa. Totalmente de acuerdo.

Pero aún así, lo que más nos falta son emprendedores que con veinticinco años estén emprendiendo, haciendo cosas para cambiar cosas. Sin tener ni puta idea de cómo será el futuro, ni conocer todos los detalles que tiene montar una empresa. Pero con ganas. Porque hayan tenido referencias, porque en la universidad les hayan empujado a ello. Porque quieran seguir su camino. Y mientras que crezcan, que aprendan y cambien nuestra sociedad.

Si tenemos una sociedad donde empujamos a los jóvenes a buscar seguridad, competir por un puesto de funcionario o por un contrato en una empresa que dure lo más que se pueda, no vamos a tener locos de esos que se arruinan, que se forran a ganar pasta con ideas locas que han resultado ser útiles en la sociedad de hoy en día, y que ayudan con la riqueza que generan con sus nuevas empresas a que nos vaya mejor a todos. 

Por supuesto, emprender no es fácil, y más vale que tengas aguante, que te guste la adrenalina, y tengas muchas ganas. Porque va a ser un viaje... ouh, yeah! No porque un día digas "voy a montar una empresa" o, perdón, "una startup", todo el mundo te vaya a ayudar. Ni de broma. Sorprende ver la gente que te ayuda y sobre todo la que no te ayuda y no te apoya cuando comienzas una andadura así, pero es el precio que tiene el controlar cómo quieres ganarte la vida, para hacer con algo que te guste mucho creándolo tú mismo. Solo eso. Que no es poco.

¡Saludos Malignos!

sábado, abril 04, 2020

En el nuevo mundo todos tenemos que buscar un nuevo queso

En el año 2008, hace ya 12 años, tuve que vivir una experiencia muy dura con la crisis económica que llegó a España. Mi familia fue afectada duramente por ella y varios miembros de mi círculo más cercano se quedaron sin trabajo, sin profesión y con muchas deudas que pagar por delante. Por supuesto, nuestra pequeña empresa también se vio afectada en volumen de clientes, ingresos y previsiones de futuro. Hubo que adaptarse al nuevo mundo.

Figura 1: En el nuevo mundo todos tenemos que buscar un nuevo queso

Fueron momentos muy duros que viví muy en primera persona, donde además era el momento en el que llegaba a mi vida la que sería Mi Hacker, a cambiarme los ejes de realidad. Un momento clave en mi vida que forzó una profunda transformación que se quedo para siempre dentro de mí. Fue una enseñanza dura, pero una enseñanza.

En aquella crisis tuvimos que adaptarnos todos. Cambiar las fuentes de la riqueza. Cambiar los medios de producción. Ajustar los gastos. Crear nuevos negocios. Apretar los dientes y pensar en el siguiente paso. No el paso de dentro de tres meses, sino el de mañana por la mañana. En qué hacer para mejorar la situación. En qué hacer para cambiar nosotros. Para ser distinto. Para adaptarnos a ese nuevo mundo que había aparecido delante nuestra y en el que nos habían puesto a jugar.

La verdad es que, si me conocieras de cerca bien, ya sabrías que no he dejado de correr nunca. No desde el 2008, sino desde mucho antes, cuando la situación en la crisis tras el año 1992 me dejo claro que si no quería dejarme arrastrar por una mala corriente que me llevara al fondo tenía que correr. Y venía desde muy atrás en la cola del pelotón. Mucho más allá. No había tiempo para vaguear y relajarse que camarón que se duerme…. Se lo lleva la corriente.

Yo soy lo que se llama un hijo de la transición. Nací en 1975 cuando este país que tanto amo llamado España se preparaba para firmar su constitución y las primeras elecciones democráticas en mucho tiempo. Algo que llevaría a que un chaval de Móstoles viviera con dignidad disfrutando de colegios – tuve que cambiar tres veces de colegio hasta que tuve plaza fija -, de centros de salud – aunque aún tardaría tiempo hasta que llegó el primer Hospital a Móstoles -, y universidad pública – aunque tardaría aún en llegar a mi Móstoles la Universidad Rey Juan Carlos – con su campus de ingeniería al lado de donde me crie.

En mi infancia fui viviendo los momentos de mi generación, con un Mundial de Fútbol en 1982, la llegada de la liberación de las cadenas de televisión y cada día más servicios para todos. Mejores autos que llevaron desde un SEAT 850 a un Simca 1200 para acabar en la Nissan Vanette con la que íbamos a pintar pisos y llenar los pisos de España de Gotelé.

Todo, poco a poco, parecía que iba a mejor, con la entrada en Europa, la llegada de las Olimpiadas a Barcelona, la Capitalidad de Europa para Madrid, y la Exposición Universal en Sevilla. Aquel 1992 fue un año muy especial en nuestra querida España donde en cada rincón nos estábamos preparando para algo. Si a esas citas les sumas el verano en nuestras queridas Canarias y Baleares, las Fallas de Valencia, las vacaciones en la Costa del Sol, la Semana Santa, y todas y cada una de las fiestas que tenemos en todos los pueblos de nuestra querida Hispania, te sale un año redondo de diversión y buenas expectativas. Y yo tenía 17 años y estaba dispuesto a disfrutarlo a tope con mis colegas del barrio.

Pero llegó 1993 y 1994 y comenzamos de nuevo una crisis de la que costó salir varios años. Y fueron esos años los que me pusieron las orejas de punta. Alerta. Con 18 años tomé consciencia de que había que espabilar y adaptarse al nuevo mudo y a mi mayoría de edad, así que me puse a correr en serio para labrarme un futuro y estar listo. Estudiar, trabajar, clases particulares, becario sin cobrar, bueno, ya os conté mucho de esto en el post ese en el que hablo de donde vengo: De Móstoles.

En 1999 ya comenzamos con Informática 64 y cuando llegó la crisis de 2008 estábamos más o menos bastante asentados. Por eso fue tan duro aquello. Porque nos iba muy bien a todos y de repente, el mundo giró. Cambió. Se había estirado mucho el chicle en un rincón del mundo – del que yo poco o nada conocía – y unas operaciones económicas se llevaron nuestra estabilidad y hubo que adaptarse.

Es por eso que me viene a la memoria no aquellos años de la crisis de mediados de los años 90, donde mi situación personal bajo de "Poco a Muy Poco", sino en el año 2008 cuando mi situación pasó de "Bien a Regular" en nada de tiempo. Y dejando en paro y sin fuentes de ingresos a muchos amigos, conocidos y familiares. Así que, teníamos dos opciones: Lamentarnos o Cuchillo entre los dientes.

Cuando eres de Móstoles y has jugado en el Barrio de la Loma a Burro, a la Lima, a Estatuas quietas y mudas, cuando te has golpeado todo el cuerpo con unos columpios de hierro, cuando has corrido para que no te abran la cabeza con una piedra unos matones que te quieren quitar el dinero, cuando te has enfrentado a los “pidepelas” que te querían "sajar" cuando ibas de camino al cine, a la Renfe o a ver los discos de Madrid Rock en la plaza del Pradillo, Lamentarte no es una opción. Sabes que hay que remangarse.

Así que había que adaptarse. Os contaría mil y una cosas de las que hicimos en aquellos años. Mil y una. Unas funcionaron. Otras no. Trabajamos más horas que un reloj. Intensificamos todo lo que funcionaba. Quitamos todo lo que sobraba. Empujamos cosas nuevas. Nuevos modelos de negocio. Nuevas formas de trabajar más económicas. Nuevos servicios que no existían. Tirar, tirar, tirar y para adelante. No había una opción. Como decía un amigo: "Hay que tirar mil anzuelos para pescar un pez". Pues a tirarlos.

De aquel entonces, el libro que hice que se leyera toda la gente de mi entorno fue el famoso “¿Quién se ha llevado mi queso?”, que aplicaba perfectamente. Es un libro que te enseña cómo comportarse cuando una fuente de riqueza "el queso" desaparece. Diferentes roles y actitudes, y cuáles son las que funcionan y las que no. Muy recomendable su lectura en estos momentos, como fue en aquellos.

Figura 2: ¿Quién se ha llevado mi queso?

Entonces, el mundo había cambiado. Ya el queso no estaba donde siempre había estado. Los trabajos tuvieron que transformarse. Muchos, muchos, muchos, y los que se quedaron llorando por su queso de antaño no lo pasaron bien. El queso cambió en 2008 de lugar. Hubo que explorar nuevos lugares, muchos de ellos gracias a la tecnología, que se demostraron provechosos.

Deseo con todas las fuerzas de mi corazón que no lleguen esos tiempos otra vez, pero si lo que parece que nos indica la realidad que vivimos es que van a llegar esos tiempos, entonces mi consejo, basado en haber pasado la crisis de 1993 y la de 2008, es que estás tardando en comenzar a buscar tu queso si no lo has hecho ya. Pensar en nuevas formas. Nuevas maneras. Nuevos caminos.

Por supuesto, si alguien piensa que yo, con casi 45 años y toda la vida trabajando, no sigo estudiando, buscando mi queso, trabajando con la misma intensidad de los 18 años, está muy equivocado. El mundo sigue cambiando. Y por supuesto que nos va a afectar a todos. Y cuanto antes comencemos a buscar todos y cada uno de nosotros nuestro queso, y más riqueza entre todos seamos capaces de generar, más rápido vamos a cambiar el mundo. Necesitamos que nos vaya bien a todos o casi todos para que podamos ayudar a los que más lo necesitan. Riqueza trae servicios y protección social. Así que necesitamos buscadores de queso más que nunca para que nos vaya bien a todos, que es lo que queremos y necesitamos como sociedad. Y hay que apoyar a que las empresas y emprendedores generen esa riqueza.

No es tiempo para ser vago, ni para lamentarse y llorar por el mundo que tuvimos hasta 2019 y echar de menos la forma en cómo conseguíamos nuestro queso antes. Por supuesto muchos estábamos acostumbrados a conseguir nuestro queso de una forma que conocíamos bien, pero ahora tenemos que adaptarnos a este cambio temporal o permanente – si el mundo cambia como parece que va a hacer -. Puedes lamentarte y quejarte, lo que llevará a que tardes más en adaptare, o dejar los lamentos para otro momento y ponerte a buscar tu queso en el nuevo mundo cuanto antes. Y ayudar a otros a que busquen su queso.

Saldremos. Claro que sí. Claro que saldremos de esta. Pero en estas situaciones no todos salimos igual. Los que más rápido se adaptan salen mejor. Y aunque salgamos todos, muchos sufrimos. Lo vi en la segunda mitad de los años 90, y lo vi en en la crisis de 2008. Así que, si te sirve de algo mi experiencia, que es para lo que sirve ir cumpliendo años y pasando fases mientras subes de nivel (“Hacker nivel 44” soy ahora), deja las quejas y el enfado para después, y ponte a pensar “¿Cómo consigo mi queso en este nuevo mundo?” y deja de pensar “¿Quién se ha llevado mi queso?”.

Y para los demás, me reitero en lo que os dije. No es momento de discutir y crisparse, es momento de cuidarnos y ayudarnos todos. De querernos, de empujarnos para subir. De que llames y ayudes a quién puedas a que se mueva. De que le apoyes. Hoy, hace apenas una hora, me he enterado de que el padre de un buen amigo mío ha fallecido. David, que es una de las personas más dulces y cariñosas que conozco y me ha llenado de tristeza, y me ha hecho a sentarme a escribir ese artículo. Y como él muchas personas y familias están detrás de los números por los que discutimos ahora.


Es momento de que trabajemos unidos para pasar estos malos momentos juntos, y pensemos en cómo vamos a transformar nuestra sociedad cuando salgamos. De la educación de nuestros niños ahora y en adelante. Lo que hagamos ahora va a decir mucho de lo que seremos en el futuro. De que miremos hacia adelante.


Paro y pobreza económica, enfermedad, perdida de seres queridos, nuestros mayores con miedo de salir a la calle, soledad, enfrentamiento entre amigos, de peques que no entienden porque se quedaron sin cole. Esta situación va a traer muchas cosas dolorosas, por lo que debemos llamar a nuestros mayores, jugar con nuestros peques, apoyar a nuestros amigos y seres queridos. Si no atacamos el problema desde todas las caras que tiene, no vamos a solucionarlo bien. Y para ello tú tienes que estar bien también, así que haz deporte en casa, lee, aprovecha el tiempo para prepare profesionalmente para este mundo, y si has pedido tu queso, empieza a buscar tu nuevo queso ya.

Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)


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