domingo, mayo 17, 2020

El cuento de "La princesita de ocho piernas"

Hoy, cuando me he sentado a escribir el post diario de El lado del mal no quería ponerme a escribir de algo profesional. Tengo tres artículos rondando mi cabeza sobre temas técnicos y profesionales, pero hoy no me apetecía depurarlos y plasmarlos. Hoy hace sol, y quería dejar que el calor me bañara un poco. Quería dejar que el calorcito sacar algo más humano para el texto del día. 

Figura 1: El cuento de "La princesita de ocho piernas"


Así que, os he traído uno de los cuentos que narro a Mi Hacker y Mi Survivor cuando el tiempo me lo permite. Como todo buen papaéte estoy sufriendo la pre-adolescencia de una niña, y si no la controlas, sus peticiones son infinitas. Me piden de todo y me compran - y hackean - con dibujos, manualidades, etcétera. Pero no las puedo dar todo lo que quieren.

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... y así me hackean mis salvajes }:)

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No les puedo dar todo lo que quieren para que aprendan a priorizar y discernir entre lo que es necesario y lo que es accesorio. Entre la necesidad y el capricho, así que aprovechando a los personajes del Dragón Matías, el Rey Papá, Princesita, Chiquitina, Rapidín, Serpentina, etcétera, les creé este cuento "de mi boca" que os dejo hoy por aquí.

La Princesita de Ocho Piernas

Érase una vez que se era, una princesita muy presumida a la que su padre, el Rey Papá, cuidaba con mucho esmero y detalle. La Princesita era una niña estudiosa y trabajadora, aunque con algún arrebato de rabieta propio de su efervescencia debido a su edad. Con casi doce años estaba a punto de convertirse en una preciosa adolescente, y de vez en cuando – y solo de vez en cuando –, la energía que atesoraba le jugaba una mala pasada en su comportamiento. 

No era nada grave, pero os voy a narrar la aventura que sucedió cuando el Dragón Matías, amigo personal del Rey Papá, se enfadó con Princesita y le impuso un curioso castigo.

Todo comenzó cuando la dulce princesita se acercó con sus grandes ojos color miel y le dijo a su papaete:

- “Rey Papá, Rey Papá, ¿me comprarías unos zapatos nuevos para el vestido nuevo que me compré la semana pasada”.

El Rey Papá la miró, y sorprendido le contestó:

- “Princesita mía, compramos el vestido para los zapatos nuevos que tenías, ¿cómo es que ahora quieres unos zapatos nuevos para ese mismo vestido?”

La Princesita comenzó un principio de rabieta y dijo:

- “Rey Papá, Rey Papá, es que ya no me gustan esos zapatos y quiero otros nuevos. No seas malo con tu princesita y cómprame unos nuevos”.

El Rey Papá refunfuñó e intentó hacer entrar en razón a la joven Princesita, pero lo único que obtuvo como respuesta a sus razonamientos fuero llantos, rabieta y más quejas de la joven que parecía la niña más desdichada del mundo. Tras media hora de llantos y quejas de la princesita, al final el Rey Papá claudicó y prometió llevar a su hija al día siguiente a comprar unos nuevos zapatos.

Llegado ese día, apareció en la puerta del castillo del Rey Papá su amigo el Dragón Matías para irse a volar por las montañas. Hacía tiempo que no salían juntos y habían quedado para ir al lago de la montaña del norte a darse unos baños en agua cristalina. Cuando llegó feliz, el Rey Papá le dijo:

- “Perdona Dragón Matías, se me olvidó que hoy teníamos la excursión y le he prometido a la princesita que la llevaría a comprar unos zapatos nuevos. Vamos a tener que cancelar la excursión”.

El Dragón Matías se quedó consternado, pero no por la cancelación repentina de la excursión, sino por la evolución que estaba siguiendo la pequeña princesita. El Dragón Matías había cuidado de ella y de su hermana “Chiquitinia” desde que nacieron y estos ataques compra compulsiva y caprichosa no le parecían nada bien.

- “Rey Papá”, dijo el Dragón Matías, “Tú eres consciente de que Princesita no necesita para nada esos zapatos, y que esta siendo caprichosa, ¿Verdad? ¿No crees que deberías hablar con ella y explicarle que no debería comprarse cosas que no necesite?

El Rey Papá le dio la razón al Dragón Matías y se excusó diciendo que se había puesto muy pesada y no sabía cómo conseguir que se tranquilizara. En ese momento el Rey Papá se sintió un poco avergonzado, pero el Dragón Matías lo consoló.

- “¿Me dejas hablar con ella, Rey Papá?”, dijo el Dragón Matías.

El Rey Papá accedió a la petición, y permitió que el Dragón Matías hablara con Princesita. Esta se puso muy contenta cuando vio a su amigo “Matiítas” y le dio un fuerte abrazo. Después, el Dragón Matías habló con ella:

- “Princesita, obligar al Rey Papá a que te compre cosas que no necesitas por medio de llantos, rabietas y enfados, no está bien. Tú sabes que él te quiere muchísimo y no puede verte sufrir, pero es malo para tu educación tener todo lo que quieras aunque no lo necesites”

Princesita se enfadó mucho al oír eso. No quería quedarse sin sus zapatos nuevos, así que empezó a regañar al Dragón Matías por decirle eso.

- “Además”, dijo la Princesita, “Los necesito.”

El Dragón Matías la miró pensativo y dijo:

- “No, no los necesitas, pero te voy a dar una pequeña lección. A partir de ahora, tantos zapatos nuevos tendrás, tantos zapatos nuevos necesitarás”.

La Princesita se enfado mucho con el Dragón Matías pero siguió con sus planes y obligó al Rey Papá, poniendo sobre la mesa la promesa que le había sacado el día anterior, que la llevara de compras a por los nuevos zapatos. Y se compró unos nuevo y muy caros.

A la mañana siguiente llegó la sorpresa. Cuando Princesita se levantó por la mañana se encontró que tenía cuatro piernas en lugar de tener dos como todas las niñas. Al principio se asustó, pero luego recordó las palabras del Dragón Matías y, en lugar de reflexionar sobre la situación, decidió retar al viejo dragón.

Se vistió con un vestido precioso y se puso cuatro zapatos. Dos en sus dos pies izquierdos y dos en sus dos pies derechos, y se fue a por el Rey Papá sonriendo y decidida a continuar demostrando al Rey Papá y al Dragón Matías quién es la que mandaba en esa situación.

- “Rey Papá, mira que bien me quedan los zapatos nuevos con mis nuevas piernas que tengo gracias al Dragón Matías. Lo que pasa es que ahora necesito quita-y-pon así que tenemos que ir a comprar ahora mismo dos pares de zapatos nuevos”.

El Rey Papá no daba crédito a lo que veía, pero Princesita iba feliz con sus cuatro piernas y sus dos pares de zapatos puestos a la vez. Así que, después de superar el susto y de aguantar unos lloros, gritos y pataletas de Princesita, accedió a llevarla de compras a por dos nuevos pares de zapatos.

A la vuelta, el Dragón Matías esperaba al Rey Papá y Princesita. Cuando llegaron, la joven Princesita traía en las manos bolsas con las nuevas compras. Dos nuevos pares de zapatos recién comprados. Cuando llegó a la altura del Dragón Matías le enseñó presumidamente sus cuatro piernas con sus dos pares de zapatos puestos y las bolsas con los nuevos. El Dragón Matías sonrió y dijo:

- “Recuerda Princesita, tantos zapatos tendrás, tantos zapatos necesitarás”.

Princesita puso sus zapatos nuevos en el guardarropa de su habitación, en el armario destinado para ellos, y se fue feliz a dormir con sus nuevas compras. Ir de compras le hacía muy feliz y ganar al Dragón Matías y salir con la suya más todavía.

Pero al día siguiente…

Princesita se despertó y se alarmó. Su cama estaba llena de piernas. Le habían crecido cuatro nuevas piernas por la noche y eso ya no le gustaba nada. Tenía ocho piernas y parecía una araña, y eso no le gustaba nada, así que, en pijama, se fue corriendo y llorando a ver al Rey Papá:

- “Papaete, papaete, tengo ocho piernas y parezco una araña.. . Buahhhh, Buahhh”.

El Rey Papá esperaba en el salón junto a su amigo el Dragón Matías, que la miró con detenimiento y dijo:

- “Bueno, Princesita, ahora ya has visto lo malo que es hacer de un capricho una necesidad, ¿verdad? Dime una cosa, ¿prefieres tener dos piernas y necesitar solo un par de zapatos o tener cuatro pares de zapatos y necesitarlos todos?”

Princesita, llorando, dijo:

- “Buahh, Buahhh, prefiero tener dos piernas y necesitar solo un par de zapatos. Pero por favor, vuelve a hacer que sea una niña normal”.

El Dragón Matías, sopló un humo desde dentro y bañó a Princesita en el calor de su aliento. Cuando el humo se fue, la niña volvió a ser una persona de solo dos piernas.

- “Vete a tu habitación, Princesita, y vístete para desayunar. Yo quiero hablar con el Rey Papá”, dijo el Dragón Matías.

Princesita se fue feliz, y el Dragón Matías se quedó mirando seriamente al Rey Papá, para decirle:

- “¿Has visto Rey Papá lo que sucede si le das a una Princesita más de lo que necesita? Harás que su capricho se convierta en una necesidad y dejará de ser una niña normal. Y eso nunca le hará feliz, como has visto”.

El Rey Papá se sintió fatal y se disculpó ante el Dragón Matías, por haber dejado que los caprichos de su hija dictaran sus acciones y por haber faltado a su cita del lago. Se abrazaron, y al día siguiente disfrutaron de una preciosa excursión.

Por otro lado, a partir de ese día, Princesita siempre pensó muy mucho que es lo que necesitaba realmente, no fuera a ser que le salieran cuatro brazos, dos bocas, os dos cabezas. ¿Quién se puede fiar de los caprichos?

Y colorín colorado… FIN.

Otros cuentos de mi boca:


Saludos Malignos!

Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)

2 comentarios:

Dawei dijo...

Muy buena parábola en una sociedad ahora mismo necesitada pero no de cosas materiales. Un saludo

Santiago gaiteiro dijo...

Hola
Como podría hablar con Chema Alonso en privado por favor
Es urgente estoy desesperado

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