martes, diciembre 08, 2020

Vida rutinaria

Soy una persona de rutinas. No porque no sepa vivir con el cambio y el caos. Ni mucho menos. Soy una persona de rutinas porque me ayuda a sacar mucho más de mi tiempo. Me ayuda a reducir el estrés. Me ayuda a disfrutar más mi vida. Cambiar significa para mí quitar una rutina y poner otra. Analizo qué es lo que debo, o quiero, construir o conseguir en cada momento, y cambio las rutinas. Solo eso. Un sencillo cambio en mi gestión del tiempo. 

Figura 1: Vida rutinaria

No me malinterpretéis, rutina no significa monotonía. Al contrario. Para mí es una forma de poder dedicar mucho tiempo en dosis pequeñas para construir grandes cosas. Pero hacerlo de manera sostenida. Como hacer deporte. Como crear un blog del estilo de El lado del Mal. Como lo fue aprender a montar en monopatín. Como lo es disfrutar de las relaciones personales. Como fue construir ElevenPaths. O la 4ª Plataforma. O Aura. Todas necesitan muchas rutinas. La rutina de salir a cenar. La rutina de ver la serie de superhéroes. La rutina de trabajar. La rutina de aprender. La rutina de investigar.

Tener una rutina, como la de escribir este blog, es placentero para mí. Es algo que me gusta. Sentarme a escribir este texto ahora, con el té que me he preparado, es un placer. Escuchar a los Goo Goo Dolls mientras que me cantan Flood en la orejita y pienso en ti, que estás leyendo este texto, pensando: "qué va a contar éste hoy". Me hace feliz. Sacar algo que contar durante quince años todos los días no es tarea fácil. Pienso en que este trabajo no lo es tanto. Pero escribir este blog no es trabajar. Y trabajar en tecnología tampoco lo es para mí. Es una rutina placentera a la que dedico el tiempo de mi vida. Me siento agradecido de haber sido un niño de doce años que quiso se informático y acabó dedicando la rutina del trabajo a algo que le apasionaba.

Por supuesto, las rutinas me ayudan a gestionar el bien más escaso de la forma más eficiente. El tiempo. Algo de lo que dispongo exactamente lo mismo que tú. E incluso menos, que soy un poco dormilón y mi cabeza deja de funcionar pronto por la noche. Me voy a la cama antes que tú. Seguro. Así que mis horas para meter rutinas son muy pocas. Y las rutinas tienen su tiempo asignado, que debe ser utilizado con disciplina. Si tengo una hora para la rutina de hacer deporte, entonces es el momento de no hacer el perezoso, de calzarse las zapatillas y salir a correr, hacer bicicleta o pegarme con las máquinas del gimnasio. Y soy feliz esa hora corriendo por la calle, pensando en la ruta, en respirar, en pisar bien para que mi castigada rodilla no sufra.  Es mi momento de cuidarme. Sé que después vendrá la ducha caliente, relajante y estar listo para ir a la siguiente rutina.

Después tengo la rutina de sacar el blog, las redes sociales, compartir cosas con vosotros, atender a los mensajes de compañeros de trabajo, de responder mis mensajes de MyPublicInbox, y de revisar el estado de los proyectos. Trabajo en solitario que me ayuda en mi tarea de hacer Inbox Zero. Dedicar mi tiempo a avanzar en mis tareas y no en las de otros. Son momentos de organizarse el día, la semana o el mes, para analizar con cuidado como va cada uno de los pasos en cada proyecto hasta el siguiente deadlline.

Cada rutina, es como una ficha de Lego que pongo y quito de mi agenda. No tengo monotonía. Pero si estoy en la rutina de contestar mis mensajes, desconecto todos los sentidos restantes de las redes sociales, de pensar en cosas que tengo por hacer de otras rutinas. Cada rutina es exactamente eso que me enseñaron cuando era programador de COBOL. Una rutina de ejecución. Estoy en la rutina del proyecto de Pasarela de Pago, de SmartWifi, de Aura o de Living Apps. Cada una de estas rutinas necesitan sus variables locales, su tiempo de CPU, sus privilegios, sus parámetros por valor o por variable. Y es el momento de ejecutarla.

Y eso significa no dejar el objetivo de esa unidad sin terminar. Hay que ejecutar. Actuar. Hay que tomar una decisión. Hay que devolver algo en RETURN - a ver qué - porque el tiempo de CPU se acabó. No vale entrar en inter-bloqueos, en null o en un bucle infinito. Se entra en esa rutina, se ejecuta y se consigue un resultado. Nunca debes querer algo, y estar es un bloqueo emocional o racional que no te deje conseguirlo. Hay que solucionar lo que sea e ir a  por ello. El tiempo de la gran rutina de vivir es finito y se acaba. Así que hay que terminar la anterior y entrar en una nueva rutina. Quizá más placentera. Aunque sea más difícil. Más Hacker.

Por eso, cada vez que tengo que hacer una cosa nueva - y tengo una lista larga de TO-DO - lo que aplico para quitarme el problema de la cabeza es asignarle un espacio de tiempo dentro de una rutina que tenga planificada en mi agenda. Si ya le he puesto un espacio de tiempo en una rutina de mi calendario, es que está resuelta. O lo estará en ese momento. No pienso en ella dentro de ninguna otra rutina. Y si tengo que resolver un problema muy grande, planifico muchas rutinas. O acciones constantes dentro de una serie de rutinas durante días, semanas, meses o años a conseguirlo. Nadie consigue algo valioso o grande dedicando poco tiempo. Dedicando poco esfuerzo. Evitando problemas complicados. Complejos. Hay que trepar una montaña muy grande para solucionar problemas que parecen insalvables. Como la montaña. Si está al alcance de cualquiera ese reto, el premio suele ser menos valioso.

Ahora mismo, por ejemplo, tengo muchas cosas que hacer. Pero estoy en mi rutina del blog. En mi rutina de pensar qué contarte. En el momento de decidir si quiero contar un truco, escribir sobre un anuncio de un evento o alguna novedad, publicar un artículo de un colaborador o hacer justo esto que estoy haciendo hoy. Hablar contigo. Contarte algo. Aprovechar que tengo este medio para llegar a ti a pesar de que no podamos hablar en persona porque yo soy un blogger, y tú un lector que viene aquí dentro de su rutina. A pesar de que leas este mensaje dentro de un tiempo y yo lo haya escrito en mi rutina de este martes ocho de diciembre de veinte-veinte en estos días de puente en España, pensando en dejarte ver un poco de mi vida. Y tú lo leas, cuando tú lo leas. 

Por supuesto existen mil formas de disfrutar la vida. De vivirla. De gestionar tus proyectos. De hacer que tu tiempo - que es limitado - sobre este planeta sea valioso para ti. Mientas que sea una decisión que tú hayas hecho porque te hace feliz, es suficiente. Nadie consigue todo lo que quiere. Y creo que si alguien lo consiguiera tampoco sería feliz por mucho tiempo. A mí me hace feliz el camino con mis rutinas. Saco las rutinas que ya no me gustan. Que ya no me hacen feliz. O que ya no puedo tener. Y busco en esa oportunidad de tiempo que me ha dado sacar una de esas rutinas, pensar en hacer otra rutina. Una nueva. O volver a una que aparqué en el pasado porque no supe cómo solucionarlo entonces, se quedó a medias, o se coló una más prioritaria. 

A veces me río, porque hay un monologo muy antiguo que habla de la "Nothing Box", que es una caja con la rutina de "no hacer nada". Yo no la tengo. Siempre estoy haciendo una rutina de algo. No tengo la "Nothing Box", pero sí que funciono de forma muy similar a cómo lo explica el humorista. Saco la caja de postear en el blog y hago solo eso: postear en el blog

Vale, puede que cuando publico un artículo en el blog haya muchos mensajes mezclados, entrelazados, a varios niveles de profundidad que solo alguien con los ojos bien entrenados puede encontrar, pero eso es otra cosa. Eso es solo que esta rutina de escribir en el blog es una rutina que me gusta hacer con esmero. Que me sirve para jugar. Para trabajar. Para entretenerte después de tantos años. Que ya son muchos años escribiendo en este blog como para no escribir cosas curiosas y distintas, como el post de hoy, que en el fondo habla de cómo conseguir objetivos grandes utilizando una planificación granular del tiempo basada en rutinas pequeñas. Como vivir, que es la sucesión de la rutina de respirar, de latir el corazón y de coser una idea con otra. ¿Lo has entendido? ¿Te ha gustado?

Saludos Malignos,


1 comentario:

Marta dijo...

Hola, si yo he tenido un cambio muy grande en mi vida desde que tengo más hábitos.
Lo que he descubierto es que los hábitos te dan libertad, para hacer las cosas que te gustan y conseguir los objetivos disfrutando del proceso. Y eso no tiene precio. Al final lo que vives es lo que te llevas. Me ha gustado mucho el artículo, me inspiras mucho para poder hacer estos cambios en rutinas.

Un saludo!

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